Paula Rangel Barrueta

No hay nada más intenso y efímero que un golpe en el codo. Ese rayo de dolor que se extiende por todo el brazo y hace que cualquiera se engarrote en un segundo, puede ser más doloroso si ocurre un viernes santo, no porque uno crea en lo mucho que significa ese día de dolor católico, sino porque suele ser un día en el que nadie está para añadir sufrimientos.

Nadie, menos Edgar Vita (Cabu), a quien ese viernes tranquilo que no estaba teniendo mucho de piadoso, le trajo su particular calvario: encontrarle una solución a la fractura de codo que resultó del modo menos interesante posible; se resbaló y, tratando de evitarse un golpe que presumía mortal, le puso empeño al brazo izquierdo. Fue un mal cálculo; el peso de su cuerpo era demasiado para las débiles articulaciones de un codo poco preparado para la sorpresa

Acostumbrado a las caídas de alto impacto por entrenar artes marciales por años, Cabu mantuvo la calma. Movió los dedos de la mano suavemente para verificar que todo estaba bien. Al lograrlo, pensó que solo se habían desencajado unos huesos. Sin embargo, intentó doblar su codo, y al captar que no funcionaba, entró en pánico.

De la manera que pudo, se levantó y llamó a un amigo que lo trasladó al Hospital Sor Juana Inés de La Cruz en la ciudad de Mérida, donde solo había dos enfermeros para examinarlo. Por ser Semana Santa y semana de cuarentena radical (con restricciones para movilizarse) no se encontraba ningún especialista en el centro de salud, por lo que “medio” le inmovilizaron el brazo (con un cabestrillo de vendas en el codo, que no cumplió cabalmente su función en el antebrazo) y le recomendaron hacerse un estudio de rayos X e ir al principal hospital de la ciudad, el IAHULA (Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes).

Nadie le advirtió que hasta ese momento, no necesitaría incurrir en gastos: de haber ocurrido, se habría ahorrado los primeros diez dólares de una larga lista de gastos posteriores pues, en contra de lo que había revelado la Encuesta nacional de hospitales, (según la cual el 63,87 % de los hospitales públicos del país no cuentan con servicios de rayos X operativos) en el principal centro de salud pública merideño, el servicio de rayos X trabajaba sin contratiempos.

Al día siguiente de su caída, Cabu se dirigió al hospital, donde le diagnosticaron una fractura supracondílea de codo (el hueso del brazo [húmero] se quebró a poca distancia por arriba del codo). Su tratamiento a seguir era una intervención quirúrgica para insertar placas, clavos y tornillos que ayudarían al brazo estropeado volver a su funcionamiento ideal… Así que el siguiente paso era hospitalizarse para “apartar cama” mientras llegaba el día de su cirugía. Se ha hecho normal que el proceso de preparación de un paciente para una cirugía, transcurra en una cama del piso correspondiente a su dolencia, donde permanece internado por voluntad propia, cualquiera sea el estado de su salud, hasta resolver lo concerniente a la cirugía.

Estudios pre operatorios, materiales quirúrgicos y estudios postoperatorios deben ser pagados por el paciente, aunque este en un instituto de salud público; lo que supone un esfuerzo adicional para la obtención de los fondos, y puede alargar su permanencia en los pisos de hospitalización durante varias semanas o meses.

De modo que la prescripción indicaba hospitalización inmediata. Sin embargo, Cabu debía resolver un grave asunto domestico: Su madre, paciente de Alzheimer, está a su cargo. Así que decidió firmar una “contraindicación médica” en la que asumía la responsabilidad total al no hospitalizarse y se dispuso a la misión de encontrar quien estuviera a cargo de su madre.

Cuatro días después, al tener el apoyo de su hermana, Cabu se hospitalizó en el IAHULA. Ahora tenía que reunir el presupuesto para los insumos quirúrgicos de su operación, pues solo para las placas, tornillos y alambres que alinearían su brazo, necesitaba $350 aproximadamente; así que presentía que su estadía allí sería larga.

Y así fue, pero no por la falta de dinero. Hizo una campaña de recolección a través de redes sociales donde solicitó donaciones económicas para adquirirlos: “Un codo amigo para Cabu”. Aunque se sentía avergonzado por hacer una recolecta pública, la recuperación de su brazo dependía de ello. Los doctores advertían que, si no se operaba, su brazo podría quedar “inútil”; cuestión que puede aterrar a cualquiera, sobre todo a quien es tatuador de profesión como él.

Para su sorpresa, en tres días había recolectado lo necesario para los materiales que ahora formarían parte de su brazo.

Para mí fue abrumadora [de forma agradable] la sensación de que tanta gente compartió, aportó, apoyó, y se preocupó por mí-.

En los últimos años las campañas de recolección de fondos están en boga en el país. Según el medio digital Runrunes, para abril de este año existían “poco más de 14.200 campañas para apoyar a venezolanos”, de acuerdo con el buscador de GoFundMe, por la escasa seguridad social y el difícil acceso a seguros privados. Este medio comenta que, “recurrir a la caridad de amigos y desconocidos parece ser la única alternativa que le queda a muchos venezolanos”.

A las dos semanas de estar hospitalizado, Cabu ya tenía todos los insumos médicos necesarios para la intervención quirúrgica. Ahora se enfrentaba a un nuevo problema: la disponibilidad del quirófano y la del personal médico que seguía su caso. Aunque tuvo dos fechas posibles, en ninguna tuvo éxito. Para ese momento, de los 7 quirófanos que estaban habilitados en el IAHULA, solo funcionaban 3, y “a media máquina”, según la Red Sindical Venezolana.

Así que instalado en el piso 2 (traumatología), sus días pasaban en la habitación T-23, donde compartía cuarto con 3 desconocidos. Si bien esta situación es difícil, sobre todo para una persona diagnosticada con ansiedad y depresión, el día que Cabu entró al hospital asumió el reto. Así que cada mañana se despertaba con la luz del amanecer y agradecía estar allí (sabía que podía ser peor por la crisis sanitaria de Venezuela en medio de la pandemia por la Covid-19, explicada por Salud con lupa), y afrontaba el día con buena actitud. Sin embargo, las condiciones sanitarias del hospital hacían “tétrica” la situación:

– Algunas veces fallaba el agua; el baño no tenía manilla (la cerradura era un trapo), la ducha no tenía cortina y la alcantarilla estaba tapada (el baño solía quedar empapado)-.

Además de otros factores que no permitían una buena estadía, como la comida.

– Aunque algunas eran muy buenas como una pasta con carne de maravilla-, la mayoría de los desayunos fueron arepa con frijol chino, y las cenas eran inexistentes.

Un mes después de su estadía en el hospital, en su tercer llamado, Cabu ingresó al quirófano. La intervención no duró más de dos horas, y aunque a su brazo le queda un largo camino de rehabilitación para recuperar su movilidad total, a los dos días de la cirugía ya estaba de alta.

Si bien esta experiencia fue “agridulce” para Cabu, puesto que superó los obstáculos y conoció buenas personas allí dentro, sus días en el hospital transcurrieron llenos de incertidumbre y estrés, no solo por la situación que enfrentaba, sino por estar en un instituto de salud en plena pandemia por la Covid-19 (de la cual “nadie sabía nada” en el hospital).

En su cabeza frecuentaba el miedo de no poder abrazar nuevamente a su perro o a su madre, quien nunca se enteró de la fractura. El hecho de no saber cuándo podría ser su cirugía o cuándo saldría del hospital, lo atemorizaban; pues no sabía si podría volver a mover su brazo, y en ocasiones pensó que lo perdería.

En este caso, la demora del procedimiento no trajo mayores complicaciones, pero en ocasiones, estos retardos juegan con la vida de los pacientes.

Referencias

https://runrun.es/rr-es-plus/441461/gofundme-cuando-la-vida-depende-de-la-caridad-2-0/
https://saludconlupa.com/noticias/desde-venezuela-una-pandemia-en-medio-de-la-crisis/
https://orthoinfo.aaos.org/es/diseases–conditions/fracturas-de-los-codos-en-los-ninos-elbow-fractures-in-children/
https://redsindicalvenezolana.com/2021/05/14/sin-personal-suficiente-directiva-del-iahula-abre-otra-area-para-casos-de-covid-19/

Fotografías: Edgar Vita “Cabu”