Alerta de servicios básicos: Venezuela sin calidad de vida

Se tiene la percepción de que los servicios básicos y la calidad de vida “mejoraron” en Venezuela para el año 2021, cuando se reactivaron las actividades económicas y productivas afectadas fuertemente por la pandemia de la Covid-19, pero, hoy en día el déficit de servicios básicos afecta a 21.6 millones de personas, es decir, a casi el 75% de la población venezolana.

En junio del 2021 se determinó que el 97.4% de la población nacional está en pobreza, según una investigación de HumVenezuela. A su vez, se comprobó que el 70,8% de la ciudadanía se encuentra en pobreza multidimensional; esto quiere decir que prevalece la ausencia de oportunidades o de acceso a un mínimo de “capacidades” necesarias para el desarrollo de cada persona, como agua potable, electricidad, gas doméstico, telecomunicaciones, entre otros servicios que no son cubiertos.

Sin embargo, es importante aclarar que, la privación de estas necesidades no se debe a la falta de recursos económicos en la población, sino al déficit de servicios básicos como consecuencia de la falta de mantenimiento e inversión por parte del Estado para garantizarlos; una de las principales características de la Complex Humanitarian Emergency, que padece Venezuela.

Agua escasa y de mala calidad

Uno de los servicios básicos más afectados es el agua potable. El 70.9% de la población nacional, equivalente a 20.4 millones de personas, tiene deficiencias de acceso al agua potable, lo que conlleva a buscar fuentes alternativas como pagar camiones cisterna, comprar botellones y, para quienes no cuentan con recursos económicos, acarrear agua de pozos improvisados por las mismas comunidades o poner envases en el patio para recolectar agua de lluvia, sin conocer su salubridad.

Para marzo 2022, en todo el país se presentó un aumento de 38,2% a 43,4% de interrupciones severas de suministro de agua potable. Los estados Nueva Esparta, Distrito Capital y Amazonas son los más afectados por las severas restricciones de acceso al suministro de agua por acueductos.

Por estas fallas de agua, el 45% de las personas del estado Aragua la obtienen de fuentes alternativas, afirma Jesús Castillo, director de la oenegé Agua Sin Fronteras, quien explica que “es común ver en distintas zonas, incluyendo el área metropolitana de Aragua, personas acarreando agua de pilas improvisadas”; por lo que se ha convertido en una nueva tarea de los quehaceres del hogar, la cual suele ser ejecutada por mujeres. “De cada diez personas que acarrean agua, siete son mujeres”, expresa Castillo.

En estados como Zulia, donde el 92.1% de la población tiene complicaciones para acceder al agua potable, se generó una nueva fuente de empleo, pues cada vez son más los carretilleros que ofrecen agua por menor costo que un camión cisterna. Aunque los zulianos resuelven con pozos artesanales o el agua de tubería -cuya frecuencia es inexacta y puede tardar hasta 20 días-, la calidad de este recurso es muy baja. “Generalmente pasamos dos semanas sin agua, y cuando viene llega marrón”, dijo Ricardo Rodríguez, habitante del sector Pueblo Nuevo al norte de Maracaibo.

Para marzo del 2022, el 74% de los grupos familiares del país reportó señales de contaminación en el agua. El mayor aumento se presenta en las señales de contaminación por color del agua. Sin embargo, la situación es peor en estados como Carabobo y Aragua que dependen de una cuenca donde circulan aguas residuales (ubicada en el estado Cojedes). Aunque el estado venezolano debe encargarse de depurar el agua en esas condiciones, en dicho sistema recircula el agua, siendo de muy mala calidad. “Básicamente las personas prefieren caminar más de quince cuadras para buscar agua -en pozos o pilas-, que usar la de tubería que les llega sin exactitud cada dos o quince días, explica Castillo.

Entre los problemas de la regularidad del agua, Castillo destaca que el 31% de la población de los estados Aragua y Carabobo determina que las fallas están asociadas a los problemas eléctricos, como las fallas de tensión que afectan a los sistemas de potabilización y distribución del agua, sobre todo en las poblaciones rurales.

Servicio de electricidad como el peor valorado

Aunque históricamente, “el servicio del agua potable siempre ha sido el peor valorado”, según el coordinador del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), Rafael Rodríguez, desde el mega apagón del 2019 que afectó a todo el país, el sistema de electricidad compite por el primer puesto del servicio peor valorado.

Para junio del 2021, el 67.3% de la población nacional reportó fallas de electricidad, siendo los estados Mérida y Táchira los más afectados al perjudicar con fallas severas al 75,2% y 69,5% de su población respectivamente. Esto se constata en el Informe anual 2022 Mérida Se Apaga, de la oenegé PROMEDEHUM, en el que se comprueba un incremento del 262% al comparar las horas sin servicio eléctrico entre marzo 2021 (39,5 horas) y marzo 2022 (143 horas). Estos frecuentes cortes de electricidad inciden de manera negativa en la calidad de vida de la ciudadanía de Mérida.

Si bien la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) en ocasiones ha manifestado establecer “interrupciones programadas del servicio de electricidad”, se mantiene la ausencia de información de este organismo y de las gobernaciones de los estados más afectados por los cortes de electricidad, perturbando las actividades laborales, educativas, productivas y, sobre todo, el bienestar social y mental de los habitantes; como le sucede a Ana Castellanos, quien comenzó a estudiar una carrera online en el año 2018, y expresa que el internet y la electricidad han sido los problemas antagónicos fundamentales en el desarrollo de sus estudios.

Telecomunicaciones irregulares

Las fallas de electricidad también afectan constantemente a las redes de telecomunicaciones (internet fijo, telefonía fija y móvil). Para el 2021, HumVenezuela registró que el 89.5% de los hogares del país reportaron problemas de comunicación por fallas o falta de servicios de internet. Sin embargo, es importante acotar que el 52.2% de los grupos familiares del país no cuenta con internet fijo en la actualidad.

Entre las razones de no contar con el servicio de internet fijo el OVSP identificó: para el 41.2% de la población no hay disponibilidad del servicio de la empresa estatal CANTV en su zona, para el 23.6% los servicios de internet privado son costosos, y para el 9,9% los servicios privados no llegan al sector donde viven.

Aunado a la dificultad de acceder al internet fijo, se deben contar las constantes fallas del servicio. Durante el año 2021, el programa Ve Sin Filtro reportó 47 incidentes de caída de conectividad a internet, los cuales afectaron a uno o varios estados en simultáneo. No obstante, la caída del servicio a menor escala o la lentitud del internet son problemas rutinarios para los usuarios.

Al tomar en cuenta que el acceso a internet es necesario para desarrollar actividades laborales, productivas y educativas, sobre todo con las medidas tomadas por la pandemia de la Covid-19, no contar con este servicio, o tener intermitencia del mismo, limita al 75% de la población que lo usa para trabajos remotos y estudios a distancia, según el OVSP.

Entre las soluciones de la ciudadanía para poder trabajar o estudiar vía internet está usar datos móviles -aunque 3.8 millones de personas no tienen disponibilidad de telefonía móvil en el país, y su uso es costoso-, movilizarse a otras casas para usar el internet, permanecer más tiempo en el lugar de trabajo, ir a un ciber o lugares con redes wi-fi públicas.

Transporte limitado o inexistente

Sumado a los servicios básicos escasos se encuentra el transporte público. En el país 19.3 millones de personas -67.3% de la población-, tienen severas fallas de transporte público en su comunidad, destacando el estado Zulia, donde el 73.6% de la ciudadanía es afectada por la falta de transporte. Sin embargo, el poco transporte no es la única limitante para la movilización, ya que el acceso al mismo no implica que las personas puedan pagarlo. Además, el 18% de los grupos familiares no cuenta con ninguna opción de transporte en la actualidad.

La escasez de gasolina y su control por parte del Estado, a través de la dolarización del servicio a un precio internacional de 50 centavos de dólar, ha hecho que pocas personas, sobre todo los transportistas, puedan adquirir combustible a precio subsidiado (0,11 bolívares, equivalentes a 0,020 centavos de dólar), lo que incrementa los costos en los pasajes urbanos e interurbanos, y dificulta su pago para quienes tienen que usarlo cotidianamente.

Es importante acotar que la escasez e incremento del costo del combustible afecta a otros servicios básicos dependientes del transporte, como lo son el gas doméstico y el aseo urbano, los cuales aumentaron sus costos en el último año sin tener una frecuencia regular del servicio.

Gas doméstico una vez al mes

En la actualidad, el 79% de los hogares en Venezuela dependen del gas para preparar sus alimentos. Sin embargo, 16,9% de los hogares no tienen acceso a cilindros de gas, según la última investigación de HumVenezuela.

Aunque el gas doméstico es primordial para la mayoría de la población, es común tener cocinillas eléctricas para poder solucionar en caso de que no haya gas, según Rafael Rodríguez del OVSP, quien indicó que el 19,6% de la ciudadanía usa leña para cocinar, generando afectos ambientales y salubres negativos.

El uso de medios alternativos para cocinar se debe a la distribución de las bombonas. Aunque la frecuencia media de recepción de bombonas es de una vez al mes, hay capitales como Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Valencia que las reciben una vez cada tres meses o más, según la última medición del OVSP.

Aunque la frecuencia media de distribución de los cilindros de gas es poca, sobre todo para familias numerosas, “pareciera que las personas se acostumbran a recibir las bombonas una vez al mes. Están tomando medidas alternas con hornillas eléctricas o aumentando el número y capacidad de bombonas que se usan en los hogares”, afirma Rodríguez.

Aseo urbano impredecible

Si bien el 21,3% de la población no tiene acceso al servicio de aseo urbano, según HumVenezuela, para el OVSP es el servicio mejor valorado por el 70% de la ciudadanía. No obstante, casi la mitad de la población de ciudades capitales como Ciudad Bolívar, San Fernando de Apure y Barinas lo califican como negativo por la impredecible o inapropiada frecuencia del camión recolector.

Esto conlleva a crear botaderos comunitarios cuando no pasa el camión, exponer la basura en lugares visibles como las aceras o frentes de las casas o, en el mejor de los casos, pagar camiones privados que recojan los desechos.

En Aragua, “el camión de basura es una lotería, no se sabe cuándo va a venir. Además, las condiciones en las que se hacen no son las más adecuadas; son camiones de volteos, personal sin las medidas de seguridad, dejan desechos por la vía y esa basura es arrastrada a las alcantarillas tapando las aguas servidas y generando más problemas”, explica el activista Jesús Castillo.

A su vez, explica que en el área metropolitana de la Gran Maracay es constante la creación de vertederos a cielo abierto, lo que genera enfermedades y problemas de salud por la proliferación de plagas como ratas, ratones o insectos en las comunidades.